martes, octubre 09, 2007


Todo tiene un límite: Ecología y transformación social" Jorge Riechman


"Soliradidad diacrónica... Dejadme volver un momentro a la manida, sobada, sobajada metáfora de la tarta ( esa tarta que en los buenos tiempos crece tanto, según los aplogetas del capitalismo, que no hace falta preocuparse de como se reparte) Bien, los hechos importantes – si uno mira la realidad de cara, sin autoengaños – son los siguientes: uno, la tarta verdaderamente significativa no es la de las macromagnitudes contables, sino que la podíamos llamar “tarta biosférica”: los recursos naturales y servicios ambientales gracias a los cuales podemos vivir sobre este planeta, y producir bienes para satisfacer necesidades humanas. Dos, la tarta está deteriorándose rapidamente: sino le aplicamos condiciones aceptables de conservación, pronto puede hallarse podrida por completo. Tres, y lo más importante de todo: hemos de decidir – y esta es de verdad una de las cuestiones más graves de nuestro tiempo – si permitimos que en la mesa donde estamos consumiendo con glotonería la tarta se sienten los hoy excluídos: los seres humanos del porvenir y los otros animales con quienes compartimos biosfera.

Hoy estamos privándoles por la fuerza del trozo de tarta que en justicia les correspondería.Solemos pensar que en el último tercio del siglo XX nos hemos hecho conscientes de la naturaleza de la crisis ecológica global, de su profundidad y de la urgencia de profundos cambios para hacerle frente ¿De verdad nos hemos hecho conscientes?

Han sido treinta años avisando que más crecimiento es más destrucción; treinta años festejando la tasa de crecimiento.Treinta años clamando que el desierto crece: treinta años sin plantar árboles en sus márgenes.Treinta años lamentando la muerte de los hermanos recubiertos de pelo o escamas; treinta años desbastando su reino, envenenando sus cuerpos, asesinándolos.Treinta años musitando que hemos ocupado todas las habitaciones de la casa; treinta años mancillando sus pozos, socavando sus cimientos, derribando sus paredes.Treinta años sugiriendo que menos es más; treinta años leyendo en las pantallas y escuchando en los altavoces no te conformes con menosTreinta años llorando por una belleza destruída, por la vidas - humanas y no humanas – cercenadas.Treinta años de duelo por el exterminio que no cesa.Treinta años de hablar, hablar, hablar; y no hacer nada. Decoración verbal: Treinta años de hablar para no hacer nada.No hemos aprendido nada.Desde hace treinta años – desde el primer informe al Club de Roma en 1972, si se quiere fechar un acontecimiento – la prognosis de que seguir adelante con el crecimiento económico cuantitativo nos llevaría al desastre está sólidamente fundada. Treinta años después, las sociedades industriales siguen siendo sociedades de crecimiento - eso sí, adjetivando por mor de la corrección política - en las que el norte del rumbo económico-social continúa perturbablemente cifrado el crecimiento.
Por eso no podemos dejar de hablar de nihilismo.En la idea de apocalipsis, como ha observado con acierto Claudio Magris, hay algo tranquilizador: la grandeza de un final definitivo que da sentido - aunque sea de esa forma negativa y atroz - a toda la historia anterior, y el consuelo de morir acompañado y pensar que no habrá supervivientes. <...>Pero la vida real no es una película de Hollywood - ni comedia romántica ni drama de catástrofes -, y hay que evitar que nuestra propia dinámica psíquica reproduzca esas pautas deleznables. Lo que de verdad debería ocuparnos no son las fantasías del Armagedón final sino la omnipresencia del apocalipsis cotidiano. El daño a la biosfera y el socavamiento de la autonomía del ser humano se están produciendo ahora; el trabajo de los poderes económico-políticos contra las alternativas que nos salvarían está teniendo lugar ahora.¡¡¡El momento de la verdad es ahora!!!"


Sigur Rós - Glosol...

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